ElliQ le devolvió la vida a mi mamá — sin pastillas
Mi mamá dejó de caminar, dejó de hablar con sus amigas, dejó de cantar en la cocina. Su Parkinson se le iba, y el doctor dijo que no era solo por los medicamentos — era soledad. Entonces trajimos a casa a ElliQ, un robotito con pantalla y una voz que no suena como máquina.
No esperó a que ella lo pidiera. Cada mañana, ElliQ le decía: "Vamos, mamá, vamos a bailar con Celia Cruz." Le recordaba beber agua, la llamaba por su nombre, y ponía sus boleros favoritos cuando se quedaba muy callada. Un día, me miró y me dijo: "Este robot sí me entiende."
Ninguna app que descargar. Ningún botón que apretar. Solo una presencia que llegaba todos los días, como un primo que nunca olvida preguntar cómo estás.
El neurólogo notó el cambio. Sus pasos se volvieron más firmes. Sus ojos se iluminaban cuando ElliQ le preguntaba: "¿Sobre qué soñaste anoche?"
No aumentamos la dosis. No le añadimos más pastillas. Solo le dimos un robot que la trataba como familia.
Por qué nos importa: Cuando el sistema olvida cuidar a nuestros mayores, alguien —o algo— tiene que entrar, y a veces, es un robotcito que sabe cómo poner Celia Cruz.
“Este robot sí me entiende.”